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El lenguaje en los medios masivos de comunicación como experiencia monológica

Junio 25, 2007

Reafirmando lo expuesto por Bajtín, Elsa Drucaroff en “Mijaíl Bajtín: La guerra de las culturas”, señala que el enunciado se construye para ser respondido, teniendo en cuenta las posibles respuestas que pueden encontrarse en el oyente (aceptaciones, comprensiones, rechazos, etcétera.). De este modo, el dialogismo se concibe como la posible réplica del otro, la cual condiciona mi discurso. Agrega que incluso la propia conciencia es dialógica, ya que implica una asimilación activa de palabras ajenas, discursos, valoraciones e ideologías. Finalmente, este material semiótico externo entra en diálogo entre sí al ser internalizado.

A pesar de las aseveraciones hechas por Bajtín y la de muchos autores posteriores como Drucaroff, el dialogismo, que a simple vista aparece como esencial al lenguaje social, puede ser quebrantado. Un enunciado podría, eventualmente, presentarse como único y monólogico, sin admitir réplicas. Como señala Drucaroff: “Su objetivo es enmudecer a las otras voces y se postula capaz de no enredarse con ningún hilo semiótico” (1996, p. 114).

Al respecto, Bajtín distingue un tipo de palabra ajena, a la que denominó “autoritaria”: aquella palabra legitimada por diversas instituciones y que exige ser reconocida y asimilada por nosotros. Ésta se nos impone independientemente de su grado de persuasión interior, ya que la encontramos unida a lo que constituye la autoridad, por lo tanto, se da en esferas altas y no en el espacio del contacto familiar.

Esta concepción, enmarcándonos en el ámbito de los medios de comunicación masivos, alude directamente al poder que detentan determinados grupos o élites en relación al acceso preferente a los géneros discursivos socialmente influyentes. Es decir, este específico control discursivo hace que las distancia y las diferencias entre el emisor y el receptor sean abismales, por lo que ante esta particular palabra autoritaria, solamente nos queda aceptarla o rechazarla. Esta actitud inmensamente pasiva del receptor, me parece que atenta violentamente a la supuesta esencia dialógica del lenguaje. Ante este escenario cabe la siguiente pregunta: ¿Es entonces el dialogismo esencial e inherente al lenguaje social? Personalmente, no lo creo. La palabra autoritaria engendrada en instituciones influyentes, tal como la omnipotencia que actualmente ostentan los medios de comunicación masivos, aparece como intocable, inmodificable y muy distante de las voces ajenas.

Esta inaccesibilidad y linealidad del discurso mediático masivo presenta ciertas ilusorias características dialógicas. En primer lugar, podemos presenciar los intentos realizados por la labor del Análisis Crítico del Discurso, que intenta dar un contrapeso al poder de quienes controlan los géneros del discurso socialmente importantes. El sólo hecho de que exista este planteamiento, evidencia una innegable situación de desigualdad en el supuesto diálogo que se da en los discursos emitidos por estos medios masivos.

El segundo punto que me hace constatar la naturaleza monológica del discurso comprobado en los medios de comunicación masivos, se relaciona con la enorme influencia que ejerce el discurso (en dichos medios) sobre las ideologías cotidianas. De este modo, las energías creativas pierden su potencia reestructuradora de los sistemas ideológicos, y en vez de penetrar las organizaciones controladoras de los discursos, son penetradas por éstas. En consecuencia, dichas agrupaciones son finalmente las que determinan, modifican o mantienen gran parte de las ideologías, por lo que siguen acumulando aún más poder.

Adicionalmente, se verifican mecanismos ficticios para incluir a los sometidos. Ejemplos de éstos encontramos muchos: cartas al director, llamados telefónicos al aire en televisión y radio, participación en concursos de diversa índole, etcétera. De esta manera, se da al “débil” una artificiosa capacidad de réplica en asuntos de menor relevancia, de modo que puede llegar a sentirse inmerso en un diálogo que, en realidad, no existe.

Por lo recién señalado, no puedo sino afirmar la naturaleza principalmente monólogica del discurso en los medios masivos de comunicación, debido a que la desigualdad existente entre poderosos y sometidos no permite una real posibilidad de diálogo. Los discursos en este marco particular, a mi parecer, no se orientan hacia un interlocutor específico ni se determina por aquél a quien se destina, por lo que finalmente, la palabra termina por unilateralizarse.

Un comentario

  1. Un postulado enemigo….
    Creo en la polifnía y en el diálogo, le creo a Bakhtin, y espero poder defender dignamente sus postulados.

    Me parece muy interesante tu propuesta -entretenido también, espero no suene ofensivo-. La verdad es que no diré mucho, simplemente me valdré de un par de citas del texto para responder al mismo.
    Al inicio dices
    “De este modo, el dialogismo se concibe como la posible réplica del otro, la cual condiciona mi discurso”
    Y he aquí porqué todo discurso, toda palabra es dialógica.
    Está bien expuesta tu teoría de los medios que no escuchan y que están por sobre los demás… sin embargo, hay algo que no puedes negar en absoluto: Los medios hablan. Y si los medios hablan, le hablan a alguien, desde aquí encontramos ya el diálogo, porque su discurso, sea como sea, se moldea y condiciona para llegar a su destinatarios, produciendo una respuesta implícita y anterior al mismo enunciado que influye en el mismo y lo imbuye de dialogismo.
    Cito ahora casi el final
    “De este modo, las energías creativas pierden su potencia reestructuradora de los sistemas ideológicos, y en vez de penetrar las organizaciones controladoras de los discursos, son penetradas por éstas”
    No es suficientemente claro en tus propias palabras cómo la palabra “monológica” interactúa con el “débil”. Si hay interacción de control, de penetración, de encaudalamiento de poder, es porque hay diálogo.
    Bakhtin nunca dice que el diálogo ha de ser de igual a igual. El diálogo es ese -bien definido- condicionar el discurso a la respuesta del otro.
    Espero réplicas.



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